EL DOLOR POR LA ALEGRIA
“Hacer todo el bien posible, amar la libertad sobre todas las cosas, y, aun cuando fuera por un trono, nunca traicionar a la verdad.”
(Hoja de Álbum, 1792.)*¦
En toda la historia de la humanidad, sin lugar a dudas, ha existido un artista mas honesto y comprometido con su obra como Beethoven. Capaz de expresar su mundo interior y presentarse tal como siempre fue combativo y perseverante. Hijo de una época convulsionada cargada de luchas y transformaciones sociales, no fue indiferente con la realidad que lo envolvía, de profunda conciencia social y compromiso humanitario, jamás se dejo engatusar por los ofrecimientos y merecimientos que su talento le proporcionaba, siempre rechazo la posibilidad de una vida cómoda y serena bajo la protección de una corte o el sequito político que le permitiría gozar de privilegios y comodidades. Muy por el contrario decidió dedicar su vida y su obra a la búsqueda constante de la felicidad y la fraternidad humana, a pesar de las múltiples dolencias de que era víctima, su camino y su paso fueron siempre firmes y seguros. Es tan valioso su compromiso que incluso llegó a superar su angustia y dolencia personal para producir y concretar un proyecto titánico; entre su obra orquestal cuenta con 9 sinfonías acabadas, 11oberturas, 7 conciertos para piano y orquesta, 2 piezas de ballet y otras obras diversas entre las que se cuentan 12 danzas alemanas, 2 ciclos de 12 minuetos cada uno entre otros, esto por solo remitirnos a su obra orquestal, pero a parte se encuentran sus misas, sus canciones, su obra vocal y coral, su música de cámara y sus sonatas para 4 cuerdas, entre otras. “Nuestro tiempo necesita espíritus fuertes que azoten estas miserables almas humanas”. Su amor por la libertad nacía producto de la eterna cadena que estaba obligado a arrastrar, victima de una la peor enfermedad que puede afectar a un músico “la sordera”, tuvo la resolución de ocultar su mal por temor a causar un desmerito de su persona y su capacidad como compositor.
“la música es una revelación mas alta que la filosofía”, “las palabras están presas, pero las notas, afortunadamente aún están libres”, estas frases revelan y sintetizan de alguna forma lo que para Beethoven era la Música, la mas elevada de las expresiones artísticas y el vehículo mas eficaz de los sentimientos.
Mucho es lo que se a dicho de Beethoven en relación a su vida sus amores fallidos, su sordera, su obsesión por el dinero, su carácter temperamental y arisco, la relación tormentosa con su padre y posteriormente con su sobrino y su cuñada, pero ningún estudio o análisis sobre él puede retratar de forma fidedigna al compositor como su propia obra. Múltiples autores se han dedicado a largo del tiempo a analizar, tipificar, clasificar y estudiar su proceso creativo, Nottebohm, Prodhomme, Weber, Wagner, entre otros. Y muy al margen de la calidad estética y de valor musicológico de estas obras, algunas incluso muy técnicas o teóricas, no han llegado por completo a captar la característica que desde mi punto de vista es fundamental para entender la obra Beetoniana, y que de algún modo sintetiza, el espíritu y objetivo perseguido por el autor, la superación de la forma por medio de la idea, “mi método de componer aún para la música instrumental, es tener siempre el conjunto ante los ojos” se dice que Beethoven revoluciono la composición, introduciendo avances estéticos y sonoros múltiples, es considerado el precursor del principio sonatístico que convulsionó su época al punto de causar el rechazo radical de la sociedad que lo creía loco, ese tiempo fue incapaz de comprender la singularidad y profundidad sonora de su genio, de seguro que si Beethoven no hubiese sido sordo, hubiese pasado a la historia como el hombre que revoluciono la composición en el plano orquestal y sinfónico dándole un nuevo viraje y carácter a la música y cuya influencia aún no se podría determinar, pues sus aportes son de carácter inmortal, pero es justo esta característica esta afección y el conjunto de circunstancias que le tocaron vivir lo que giró el interés de Beethoven hacia la idea, el ideal, el contenido, que el maestro Irving Kolodin, logra sintetizar denominándolo como la evolución y revolución mas grade del pensamiento de su época “ La elaboración de un cosmos musical propio”. La novena sinfonía sintetiza de forma magistral este pensamiento, esta obra deja de ser una composición sinfónica de naturaleza sonora y se convierte en una filosofía, una concepción del mundo, una denuncia, un manifiesto una acción revolucionaria capaz de conmover a su época y a la humanidad a través de los tiempos, en suma, una obra inmortal.
Como fiel precursor del romanticismo Beethoven nos deja su legado en este aspecto específico, que a logrado calar en múltiples compositores teniendo como su indiscutible heredero a Mahler “El termino sinfonía, dice Mahler, significa para mi la posibilidad de crear un mundo con todos los medios técnicos disponibles”. Un hecho revolucionario en el plano musical solo equiparable a la discusión dentro del pensamiento filosófico entre positivismo y antipositivismo. En síntesis la preeminencia de lo abstracto frente a lo figurativo.
El otro aspecto fundamental en la creación y obra de Beethoven es el referido a la capacidad transformadora de su música. Si uno escucha por ejemplo “Para Elisa” logra sumirse dentro del mundo interior del autor que como se puede percibir, es sumamente complejo, la lucha constante con uno mismo, contra uno mismo en muchos casos, es como ver la desesperación que experimenta una paloma que sabe que posee la capacidad de volar, pero que es incapaz de alzar vuelo, la búsqueda constante de algo para lo que estamos destinados pero que nos es imposible comprender, toda esta impetuosidad dentro de la obra Bretoniana yo la explico como la lucha contra la mediocridad y la pesadumbre de la vida, de una realidad que nos absorbe y que nos impide transformar nuestro estado actual. “Para los que no se resignan a la mediocridad del alma, la vida, ¡tan dura!, es un combate diario.”
La extraña fascinación que Beethoven sentía por una determinada figura rítmica dos corcheas y una negra, deja traslucir lo enigmático de su composición, esta figura que se constituyo en el sello personal del compositor alcanza sin duda su mayor expresión en el último tiempo de la sección principal del Scherzo de la 5ta. Sinfonía en Do menor Op. 67 (1800-18004), es curioso pero para la mayoría de los sinfonistas posteriores es considerado como un paradigma de fascinación estructural, modelo a seguir en lo que se refiere a forma, cuando para el autor constituyó la victoria de la idea sobre la forma, se creía que esta estructura obedecía a su sordera y el pesar que esta le producía, para nosotros, trasluce al contrario de lo que se cree, la lucha y el combate, se nos vienen a la mente la revolución francesa y la fascinación que el autor sentía por Napoleón, a quien llego a dedicar una de sus sinfonías la 4ta. En Si bemol Menor Op. 60 “La Heroica”, y que posteriormente llegó a odiar y condenar por autoproclamarse emperador vitalicio.
En conclusión para mi Beethoven simboliza la proclamación de la hermandad humana y su preservación, la búsqueda del bienestar general a través del arte lo cual no solo resultaba adelantado, revolucionario e incluso humanista para su época; sino un compromiso responsable con las generaciones futuras una misión mas halla de la muerte. Que el contenido de su genio creador se inmortalice, al paso de los años, mas halla incluso de su sonido pues Beethoven de seguro se sentiría orgulloso si supiera que su música cumple una función social y una motivación capaz de vencer y romper con el dolor a cambio de la alegría.
*¦ Ludwig Van Beethoven, tomado de “Vida de Beethoven” - Romaní Rolland (Tercera Edición) Ed. Losada, S.A. (5 de Febrero de 1958).
sábado, 29 de agosto de 2009
SERÀ
SERÁ
3:02 a.m. viernes tenía que ser
Perturbador silencio, tú escondes en la noche profunda el llanto de los seres menores que no son capaces de vencer el miedo a la oscuridad. Eres el solitario estanque donde van ha parar los sueños perdidos que nadie podrá realizar. Los sueños fugitivos, huérfanos, inconscientes van penando entre las almas de los condenados a no dormir antes de las 3. Perseguidores de la conciencia que los libere del viaje inminente hacia el umbral de la soledad… la puerta de desalojo… un paso antes del olvido.
Cuentan quince céntimos y dos palabras, en la marcha de mi pensamiento, agreste y profundo. Este me produce la necesidad de emitir algún sonido tibio que rompa con el tic tac ronco y lastimero de un reloj, siempre cansado de gritarle su nombre al viento que jamás lo escucha. Dos piernas filosas y trasparentes, disfrazadas de carmesí color piel culminan su imperfecto viaje justo en el nacimiento de un par de pies; uno más grande que el otro: bellos, delicados, con dedos pequeños y bien formados, lívidos, delgados, sutiles, perpetuos e incansables trabajadores de la vida.
Dibujando figuras espaciales en el espejo de enfrente, juegan mis pies con su sombra proyectada en la pared. Mientras yo escribo estas líneas sin levantar los ojos del papel. Despacito, voy emitiendo en mi garganta la cuenta regresiva de mis cuerdas vocales que me revelan el tiempo perdido de guitarras, salones, humo y alcohol; entre aplausos huecos, sin conciencia de ser los sonoros jueces que condenan el padecer de horas tenaces de ensayo.
Las noches como hoy… tengo presente la marcha de mi corazón. Asaltando por la espalda el mutismo de las 3. Voy disfrutando de la calidez crepuscular y artificial de mi cuarto. Veo con claridad la hora de mi muerte. Dibuja su forma, color y contraste; con la maestría que solo poseen las certezas impredecibles del mañana, imágenes rescatadas de estos sueños sin importancia.
Todo. Cada detalle: su llanto al costado de la ventana, el sonido de la soledad rebotando en las paredes, mi rostro cansado de ser… todo. Excepto hora y día.
Sola estarás, me dice, no te siento capaz de morir con alguien al lado; sabrás que es momento porque te acordarás de mí; de lo mucho que te quiero y cómo te extrañaré; te odiarás tremendamente en ese momento por no haber tenido jamás la valentía de decirme la verdad. Sentirás que es el momento de partir porque te arrepentirás de haber desperdiciado tantas horas pensando en lo que harías en vez de hacerlo. Será una madrugada igual que hoy.
Desearía haber besado a Kety aquella noche…, cantado todo lo que escribí a quien me quisiese escuchar…., abierto la puerta aquel día…., pedido tu ayuda esa noche…. Será una de esas tardes raras en las que me avergüence de mi desnudez a pleno día, de mis cicatrices al filo de la cama. Esta cama que será mi lecho para ti, único testigo del dolor fecundo creador de tantas hadas.
Lo vi. Tendré el cabello lacio el día de mi muerte y contaré nueve esquinas antes de partir. Romperé el espejo de alabastro solo para tener 7 años de mala suerte y así encontrarte y rozarte por última vez. Sabrás que soy yo porque rascaré el piso con las puntas de mis uñas saltando en dos por tres como lo hice siempre para llamar al perro que en ese momento ya no tendré. No será de un porrazo, eso sería un asesinato y aunque sé que no solo yo me puedo quitar la vida del cuerpo, ten la certeza de que solo yo puedo quitarle cuerpo a mi vida. Como lo vendré haciendo por años.
Lenta e imperfecta será, se me irá adelgazando de a poquitos en los últimos años, al punto de no darme cuenta del proceso; sabrás que es el fin porque con el último aliento te llamaré., Mi último pensamiento será para perdonarme por haberte quitado la vida… Quince céntimos encontrarán en mi ventana y dos palabras se escribirán en mi epitafio: fue feliz.
PS: Por favor no lo olvides…. Apaga el reloj.
La Eu
3:02 a.m. viernes tenía que ser
Perturbador silencio, tú escondes en la noche profunda el llanto de los seres menores que no son capaces de vencer el miedo a la oscuridad. Eres el solitario estanque donde van ha parar los sueños perdidos que nadie podrá realizar. Los sueños fugitivos, huérfanos, inconscientes van penando entre las almas de los condenados a no dormir antes de las 3. Perseguidores de la conciencia que los libere del viaje inminente hacia el umbral de la soledad… la puerta de desalojo… un paso antes del olvido.
Cuentan quince céntimos y dos palabras, en la marcha de mi pensamiento, agreste y profundo. Este me produce la necesidad de emitir algún sonido tibio que rompa con el tic tac ronco y lastimero de un reloj, siempre cansado de gritarle su nombre al viento que jamás lo escucha. Dos piernas filosas y trasparentes, disfrazadas de carmesí color piel culminan su imperfecto viaje justo en el nacimiento de un par de pies; uno más grande que el otro: bellos, delicados, con dedos pequeños y bien formados, lívidos, delgados, sutiles, perpetuos e incansables trabajadores de la vida.
Dibujando figuras espaciales en el espejo de enfrente, juegan mis pies con su sombra proyectada en la pared. Mientras yo escribo estas líneas sin levantar los ojos del papel. Despacito, voy emitiendo en mi garganta la cuenta regresiva de mis cuerdas vocales que me revelan el tiempo perdido de guitarras, salones, humo y alcohol; entre aplausos huecos, sin conciencia de ser los sonoros jueces que condenan el padecer de horas tenaces de ensayo.
Las noches como hoy… tengo presente la marcha de mi corazón. Asaltando por la espalda el mutismo de las 3. Voy disfrutando de la calidez crepuscular y artificial de mi cuarto. Veo con claridad la hora de mi muerte. Dibuja su forma, color y contraste; con la maestría que solo poseen las certezas impredecibles del mañana, imágenes rescatadas de estos sueños sin importancia.
Todo. Cada detalle: su llanto al costado de la ventana, el sonido de la soledad rebotando en las paredes, mi rostro cansado de ser… todo. Excepto hora y día.
Sola estarás, me dice, no te siento capaz de morir con alguien al lado; sabrás que es momento porque te acordarás de mí; de lo mucho que te quiero y cómo te extrañaré; te odiarás tremendamente en ese momento por no haber tenido jamás la valentía de decirme la verdad. Sentirás que es el momento de partir porque te arrepentirás de haber desperdiciado tantas horas pensando en lo que harías en vez de hacerlo. Será una madrugada igual que hoy.
Desearía haber besado a Kety aquella noche…, cantado todo lo que escribí a quien me quisiese escuchar…., abierto la puerta aquel día…., pedido tu ayuda esa noche…. Será una de esas tardes raras en las que me avergüence de mi desnudez a pleno día, de mis cicatrices al filo de la cama. Esta cama que será mi lecho para ti, único testigo del dolor fecundo creador de tantas hadas.
Lo vi. Tendré el cabello lacio el día de mi muerte y contaré nueve esquinas antes de partir. Romperé el espejo de alabastro solo para tener 7 años de mala suerte y así encontrarte y rozarte por última vez. Sabrás que soy yo porque rascaré el piso con las puntas de mis uñas saltando en dos por tres como lo hice siempre para llamar al perro que en ese momento ya no tendré. No será de un porrazo, eso sería un asesinato y aunque sé que no solo yo me puedo quitar la vida del cuerpo, ten la certeza de que solo yo puedo quitarle cuerpo a mi vida. Como lo vendré haciendo por años.
Lenta e imperfecta será, se me irá adelgazando de a poquitos en los últimos años, al punto de no darme cuenta del proceso; sabrás que es el fin porque con el último aliento te llamaré., Mi último pensamiento será para perdonarme por haberte quitado la vida… Quince céntimos encontrarán en mi ventana y dos palabras se escribirán en mi epitafio: fue feliz.
PS: Por favor no lo olvides…. Apaga el reloj.
La Eu
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